viernes, 23 de diciembre de 2016

Una carnicera y un pastor en el Belén






















No me salen las cuentas 

Qué te habrás creído, Lola…
Sí, sí, tú, la carnicera...
Me has pagado los corderos,
mas no me salen las cuentas.
Dices que están esmirriados,
que sus carnes están secas,
pero sé que está trucada
tu balanza con sus pesas.
Mis corderos son muy listos,
saben tirar de la teta,
están gordos y lustrosos
desde el rabo a las orejas;
también comen lo mejor
que entre los pastos encuentran.
Soy pastor pero no tonto,
pues sacas chuletas recias
que luego bien caras vendes,
ganando buenas monedas...
Perdónala, Niño-Dios,
obtiene pobre riqueza.

elpoetaartesano

El pastor dormilón 

¡Apúrate, mal pastor!,
lleva a pastar al rebaño
que el amo de los corderos,
si no, se andará quejando;
y yo, si no están rollizos,
no voy a querer comprarlos,
pues en mi carnicería
no quiero corderos flacos.
Vigila bien, no te duermas...,
eres tan lelo y tan vago
que el rebaño se te pierde
mientras roncas bajo el árbol.
No se ha visto en los parajes
un pastor con tanto cuajo,
pues se hace oídos sordos
cuando le reprende el amo.
Cualquier día viene el fiero
mientras él está acostado,
se comerá alguna oveja,
y el dueño lo muele a palos.
.
Lola Tenllado

Además toco la flauta

Yo no soy un mal pastor,
que cuido bien del rebaño,
bien enseñado lo tengo
y sabe que soy el amo.
Cuando me duermo, vigila
mi perro, el que corre el canto,
pues siempre me da el aviso;
o me ladra, o mueve el rabo.
Tú eres lista, carnicera,
están gordos, bien criados,
los corderos que me compras,
y me pagas cuatro cuartos.
Tú sabes oler muy bien 
el sonido de un buen fajo,
pero dices en la calle
que soy un pastor muy vago.
Prefiero ser holgazán
que, como otros, ser avaro.
Además toco la flauta
cuando vamos por el campo... 

elpoetaartesano

Pastorcillo despistado

Pastorcillo despistado,
si se te pierden monedas,
no tengo yo de eso culpa,
porque bien que tú me apremias 
para que suelte el dinero.
Mis balanzas y mis pesas
están en perfecta forma,
y no como tus ovejas
que hay que mirarlas dos veces
para que podamos verlas.
Es culpa de tu vagancia
porque, mientras duermes, de ellas
se encarga ese pobre perro
tan lleno de pulgas negras;
el chucho palpa el ronquido
que haces al dormir la siesta.
El santo Niño me ampara,
pues no soy una avarienta,
y le llevo para un caldo,
una gallinita tierna.