martes, 17 de abril de 2012

La lección del mar y su canto

El mar se ha tragado al sol
diluyéndolo en el agua,
y yo busqué mi propio espacio
en la arena de la playa.
La noche entraba rauda...
A salir una estrella comenzaba,
y yo con mi mente parada,
y la quietud que me embargaba.
Me tape con una manta
y me quede dormido,
con ensueños en mi alma,
en la noche embebido...
A las tres de la mañana
de pronto me he despertado,
el mar cantaba su canto
con su ritmo milenario...
En la playa, en la penumbra,
veo siluetas humanas,
en dos filas paralelas,
bailando una extraña danza.
Se movían al unísono,
al ritmo de la marea.
¡Que extraña danza
esas personas bailan!,
con el mar y con su ritmo,
en la orilla de la cala.
¿Que danza es la que bailan
esas gentes coordinadas?,
que el ritmo del mar siguen,
cuando las olas estallan.
Adelante y hacia tras,
con movimientos acompasados,
¿será una secta de estas?
o, ¿será que están pasados?,
¿será una mágica danza?
¿Que hacen esas gentes 

a las tres de la mañana?
La imaginación intenta entender
que ocurre en la escena aquella,
y al no poderlo hacer,
me duermo mirando una estrella...
A las dos horas, o así,
ya se despierta el alba,
el sol despunta a lo lejos
y la noche ya se acaba.
Miro hacia aquellas gentes
que todavía danzan,
al ritmo de la marea,
cuando las olas cantan.
Y al mirar con atención,
sorprendido, descubro el misterio;
las figuras, el baile, el son,
el mar y su baile milenario;
ni secta, ni ritmo iniciático,
ni pensamientos de colores,
tan solo pescadores
que de la cuerda tiran con pasión.
Sacan la red repleta
de peces y otras piezas.
Esa danza acompasada,
con sentimiento en el alma,
ese ritmo y ese canto,
para no cansarse tanto...
El mar y su canción
me enseñaron lo mejor,
me enseñaron la lección
del arte del pescador.


​A todos los pescadores que todavía tiran de la red,
desde la playa, antes de aparecer el alba.



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