Imaginación y sueño (La profecía)





         La imaginación, poderosa facultad del alma...

Todo empezó entre aquellas ruinas, ruinas milenarias que se perdían en la memoria. 

En el aire se respiraban acontecimientos de un futuro pasado.

A él siempre le había gustado imaginar cosas, pero frente a aquel muro, su imaginación se despertó de una extraña y poderosa manera. 

El muro estaba casi intacto, aunque se notaba el paso del tiempo sobre él, y le faltaba un trozo en la parte de abajo. 

Era un muro que irradiaba paz y sabiduría, y resaltaba, por su buen estado, entre las demás ruinas; no estoy muy seguro pero creo que era todo de una pieza, una gran piedra labrada por hábiles manos. 

Como decía, su imaginación se despertó de una extraña manera, sobre todo cuando se fijó en el muro y vio que todo él estaba tallado, muchos pequeños cuadrados llenaban su superficie; y en cada cuadrado profundizando con la mirada, había grabados extraños signos en unos, y formas  y raros juegos de sombras y luces en relieve en otros. Su mirada y su imaginación recorrieron todos los cuadrados, pero su atención se paró en uno en cuyo interior había dos trazados que recordaban a un hombre y una mujer, experimentando en el juego del amor.

La mañana era cálida, pero estaba nublada, el sol se acercaba al medio día, pero el día era gris. Aunque todo eran ruinas, había algunas piezas enteras.  ¡Aquella ciudad, cuna y  florecimiento de una gran cultura! Las leyendas hablaban  de hombres realmente sabios y poderosos en el arte del amor, la armonía, la poesía y los misterios del universo.

El pueblo vivía en paz y sencillez, y se abrían grandes horizontes ante sus miradas. 

Pero ahora solo quedaban las ruinas, y nadie sabía que ocurrió realmente, solo las aves habitaban esos lugares, y de vez en cuando algún loco o algún soñador pasaba por allí, creyendo estar en otro mundo. 

Aquel día había dos mujeres en la escalera semiderruida de la mejor de las piezas que allí había, ésta tenía techo y una cortina en la puerta que las mujeres habían colocado; salía humo por una de las ventanas. 

Me acerqué y penetré en aquel cuarto y vi que dentro había un hombre. ¡Oh, maravillas!, ¿qué es esto?, pero si... ¡Si soy yo!

 La mujer me habla, una de ellas pues la otra se quedó en la puerta. Yo estoy muy contento y tranquilo, la mujer me mira, no es que sea muy bella pero es muy atractiva, y su rostro brilla de una extraña y penetrante  forma. Me siento a gusto en sus brazos, pues son suaves, nos fundimos en besos y caricias... Y entre sueños la mujer habló de la profecía, habló del secreto del verde del bosque, habló de los guerreros, de los amigos, de los puntos de encuentro, del enemigo, y de las esperanzas que la conciencia común tenia puestas en la mujer de largos cabellos. Pero al llegar aquí dejé de escuchar sus palabras, algo estaba ocurriendo en mí.  Mi mente y mi ser volaban por la energía dueña del tiempo... Pero, ¿qué me ocurre?,  ¿qué es ese túnel tan oscuro? 

A gran velocidad viajaba por las entrañas de la tierra, túneles que se ensanchaban y de repente se encogían aplastando mis células, y oprimiendo mis emociones, túneles por todos lados, y yo viajando por ellos a gran velocidad. 

Ahí está, es ella y los niños, y la poderosa bestia de que hablaba la profecía (ahora comprendí que yo también formaba parte de ella).  Pero, ¡corre mujer, corre! salva a los niños... La bestia esta cerca, te va a coger, ¡corre! ¡tú eres la esperanza!     

Los túneles no servían a la mujer y a los niños para despistar a esa bestia. Yo estaba dentro de la mujer, podía sentir como ella sentía, y ver lo que ella veía. La bestia era un poderoso  fuego gris azulado, con aspecto de hombre de cintura para arriba, el resto era poder, destrucción.  Devoraba en un instante todo lo que se encontraba en su camino.  Guerreros que durante toda su vida se habían preparado para la batalla, eran aniquilados, arrasados por ella sin hacer el mínimo esfuerzo.  

La mujer pensaba que hacer para despistarla, pues cada vez estaba más cerca, podía escuchar sus bramidos, y su pestilente olor llegaba a grandes bocanadas.  También se escuchaba su sarcástica risa, segura de su poder, aumentada por el eco que producían los túneles.  

Ella poseía la bendición de los sabios, y el poder de la palabra sagrada estaba sobre ella. Sin embargo, no sabía qué hacer, la bestia estaba encima, y la luz de su fuego al chocar  con los cuerpos de ella y los niños, producía muchas sombras en todas direcciones. La bestia estaba a punto de atraparlos, ¿qué hacer? parecía el fin.  

A su mente venían recuerdos de aquellos tiempos, antes de la aparición de ese demoníaco poder el mundo era diferente, aunque los ancianos hablaban de ello, y que un día aparecería, que había que estar preparado, y también que era necesario pasar por ello. Los ancianos comunicaban esto  entre sí por medio de vibraciones sonoras, emitidas en una frecuencia distinta. Y aunque la gente era sabia e instruida en todas las artes y misterios cósmicos, y entendía la música estelar, no comprendían  esa melodía, resultaba extraña a sus oídos. (Ahora recuerdo, el verde del bosque era uno de ellos, uno de los ancianos que había sobrevivido al exterminio, en él estaba todo depositado, la bestia no podía penetrar en su morada).

La mujer pensaba esto y muchas más cosas...

Era bonito vivir entonces, la vida era intensa, y la muerte conocida, en realidad son lo mismo... 

La música del amor flotaba en el espacio, creando formas nuevas en cada momento.

De entonces quedaban los amigos ¿dónde estarán ? La bestia los dispersó y ahora son extraños en esta tierra... ¡Corre!...  ¡Corre!.. Tú tienes que hacer sonar la música de la reunión... 

Las profecías también hablaban de ello, al final resurgirán los verdaderos. Cuando la música de la reunión suene, cada uno la seguirá desde su posición y juntos cantarán el himno de la inmortalidad, el amor los unirá...

 ¡Oh! ¡Grandes son los misterios! La profecía hablaba de ti mujer, de ti saldrá el hombre que la música de la reunión eligió, para ser su músico e interprete. La bestia lo sabe, por eso te persigue donde quiera que vas, pero tú tienes el poder de la palabra sagrada, usa tu imaginación ¡haz algo! Esta voz sonaba en el interior de la mujer, yo comprendí que eran mis pensamientos que de alguna manera habían pasado en forma de vibración a su interior, y ella no sabía de  dónde  venían, pero le dieron valor y dio un gran grito a los niños diciendo: ¡Que cada uno se disperse por sus siete sombras! (estas eran las sombras que producía la luz del fuego de la bestia al chocar con sus cuerpos), así la bestia no podrá seguir a todas y su confusión nos permitirá ganar tiempo y espacio. Dicho y hecho, cada uno, incluida la mujer, se dispersaron por sus siete sombras.        

Aparecieron en una boca de metro. 

Al salir vieron en la esquina de enfrente, a la izquierda, un bar con mucho bullicio y allí entraron. Al fondo del bar estaba el dueño y algunos amigos, nos miramos y reconocimos, aunque nunca antes nos habíamos visto.  Cerca había una puerta que daba a una habitación privada, allí nos introdujeron. Nuestros nuevos amigos estaban deseosos de escucharnos, y se encargaron de cuidar de los niños hasta su momento. 

Allí nos organizamos por un periodo de tiempo hasta que llegue el día oportuno, la pura consciencia dirá cuándo y que hacer. 

También hablamos de los otros puntos de encuentro con otros amigos (este bar era uno de ellos, había muchos) pero había que andar con cuidado, pues no todos los que iban eran de confianza. 

La bestia enfurecida arrasa con más fuerza todo lo que encuentra, y usa mil disfraces tratando de encontrar a la mujer. Pero los niños crecen, y los amigos los instruyen. El tiempo de la bestia está contado, pero sigue al acecho y sus bramidos son cada vez más horrendos...

Este era el último cuadrado de la piedra, el resto había sido destruido por los siglos.

Y yo me desperté...