El despertar de la civilización


Ha habido un gran cambio 
en el clima de esta tierra,
los rebaños se fueron al norte,
y buscando otro horizonte
hasta este río he llegado. 
Riega una vasta tierra,
y cuando está crecido
fertiliza la ribera.
Aquí abunda el grano,
el centeno y la cebada,
también abunda el pasto…
¡Aquí hay abundancia!
¡Aquí detengo mi paso!
Un día mi compañera 
hundió en la tierra unos granos.
¿Por qué la comida entierras?
¿Qué haces? Le decían.
Pero ella sin hacer mueca
sobre ellos agua vertía,
lo hacía con fe ciega,
cual si un dios se lo dijera.
Algunas lunas han pasado
en las que germinó la magia,
brotaron aquellos granos
y se convirtieron en plantas.
De esta nueva aventura
de sueños y esperanzas,
nació la agricultura.
La tierra era muy dura,
costaba mucho labrarla,
moverla era penoso 
y apenas se arañaba,
había que cavar más hondo
para una cosecha más amplia...
En esto yo meditaba
con la imaginación a mi lado,
y en mi mente se hizo clara 
la imagen del arado.
También vi que la tierra
se podía modelar con las manos,
y hacer objetos con ella
que podían ser usados,
para mí fue un gran día
¡Descubrí la alfarería!
Haciendo hilos de barro
que luego superponía,
daba forma a los cuencos,
platos, jarras y vasijas,
no quedaban perfectos
mas para usarlos servían.
Un día trabajando el barro
una idea rotaba en mi cabeza:
¡Si estuviera girando
mejor se modelaría la greda!
Y así en esto pensando 
se me ocurrió la rueda...
Mi grupo hace cabañas,
otros viven en cavernas,
ya cultiva la tierra,
caza, pesca y pastorea,
ya construye sus canoas
que se mueven cuando rema,
y sueña con viajar
a otras lejanas tierras.
Pescaba una mañana serena,
sumergido en mi pensamiento,
y a mi mente llegó, como estela,
la imagen de la vela.
Desde entonces, navego con el viento...
Escuchad con atención:
Esta es nuestra infancia,
así surgió la “civilización”,
en la antigua Mesopotamia.